Febrero 2000

PARA SENTIR CON LA IGLESIA

por  Vitorio Emanuele Vernole


ENTREVISTA AL PADRE SAMIR KHALIL SAMIR

El padre Samir Khalil Samir, jesuita, nació en El Cairo y enseña Teología oriental en la Facultad de Teología de la Universidad de San José de Beirut en el Líbano, y en el Instituto Pontificio Oriental de Roma. La entrevista que sigue apareció en el Rapporto 1998 sobre "La libertad religiosa en los países de mayoría islámica. Reproducimos, algo resumida, la versión castellana publicada por la revista Verbo.

–Como quiero afrontar el problema de la libertad religiosa de los cristianos en los países islámicos, quisiera comenzar por su experiencia personal: ...¿Cuál es la situación de los cristianos en el Líbano hoy?

–Puedo decir que la situación es buena por un motivo: porque el Líbano no es un país islámico. Es un país donde los musulmanes son numerosos, tal vez mayoría, pero, por suerte, es un país que legalmente no se define como musulmán, a diferencia de todos los otros países árabes. El Líbano es el único país que es, a la vez, árabe pero no musulmán; esto se manifiesta jurídicamente en el hecho de que, según el derecho, el Presidente de la República debe ser un cristiano, en tanto que el Primer Ministro debe ser musulmán. La realidad del Líbano, que viene desde 1923, cuando se promulgó su Constitución, es fruto de la actitud de los cristianos del Líbano... Yo soy egipcio, he vivido en varios países árabes, pero me ha sorprendido la diferencia que veo en los cristianos del Líbano y, en parte, en los de Siria. En Egipto tenemos una actitud de esclavos, debida a siglos de sumisión que han producido una capacidad de soportar. Ello ha producido también una determinada espiritualidad, bellísima, en la que se ve la aceptación cristiana del sufrimiento. En el Líbano y en Siria, no. Los cristianos no callan cuando algo no va bien, aunque en Siria el porcentaje de cristianos es inferior al de Egipto. En Siria no tienen miedo, tienen una fortaleza que no se encuentra en Egipto. Esto viene de siglos de historia y tal actitud ha llegado a ser una segunda naturaleza. Si en el Líbano los cristianos llegasen a ser una minoría muy inferior a los musulmanes, los cristianos continuarían reivindicando sus derechos ciudadanos. Han creado otra mentalidad.

–¿Cuál es el fundamento filosófico, ideológico y religioso de las discriminaciones y persecuciones que alcanzan a los cristianos?

–El problema del Islam no puede comprenderse sin hacer referencia a la política... Lo que llama la atención es que en los países musulmanes hay una identificación inmediata entre religión y política que legitima el estado de inferioridad jurídica de quien no es de religión islámica. En los países islámicos los fines de quien tiene la responsabilidad de gobierno son dos: en primer lugar proteger la religión musulmana, es decir, asegurarse de que sea observada con todos los medios disponibles; en segundo lugar el de extender el Islam a todo el mundo. Esta es la teoría clásica de los juristas musulmanes, no es una novedad; el Islam es "religión y sociedad". Desde este aspecto se comprende cómo se hace todo esfuerzo económico, cultural y político para extender el Islam. Otra característica del mundo islámico es que la comunidad prevalece sobre el individuo, lo que significa que la noción de libertad de conciencia o de derechos del hombre (dos conceptos que desde hace dos siglos caracterizan, para bien y para mal, al mundo occidental) sólo en una mínima parte han sido acogidos por la cultura musulmana...

En la cultura de los países árabes musulmanes finalmente ha prevalecido, en lugar de la categoría del ciudadano, la división tradicional de la sociedad entre creyentes (los que siguen el Islam) y protegidos (cristianos y hebreos) y descreídos (cuya suerte puede ser la muerte o la conversión al Islam).

–¿Es hoy posible el Islam de un modo distinto? ¿Hay alguna dialéctica u oposición entre distintas interpretaciones?

–Creo que sería posible, pero en tal caso sería una nueva tradición que hoy no es la que prevalece. El Islam nace desde su origen como proyecto sociopolítico y también militar: esto es evidente tanto en el Corán como en la sunna, en la tradición que incluye la vida y la enseñanza de Mahoma. Para un musulmán la religión y la política son inseparables. En cambio, aquellos que propenden a una separación entre los dos planos son los musulmanes llamados liberales, pero son vistos por la mayoría como musulmanes sólo de nombre, su Islam suscita dudas, también porque muchos no son practicantes...

–¿De qué modo se realiza en los países islámicos este proyecto?

Debemos partir del presupuesto de que en la visión del Islam todo medio es bueno si contribuye a la finalidad última de la instauración del Estado islámico o a la protección del Islam. Esto se ve en la islamización de la escuela: todas las mañanas en Egipto se inician con las lecturas del Corán, los textos de las materias que se enseñan están llenos de referencias al Islam, desde las matemáticas a la Historia o la literatura, el aprendizaje del Corán es obligatorio para todos.

Otro instrumento es la humillación de los cristianos en todos los niveles. Si voy por la calle llevando con discreción la cruz corro el riesgo de ser golpeado o injuriado. Es normal ser insultado por los niños. Ya en el ámbito sociológico, por tanto, hay una presión muy fuerte que desanima a los más débiles. En un nivel más grave, el económico, la discriminación hacia los cristianos hace que para éstos la posibilidad de encontrar trabajo sea más difícil y, frecuentemente, tal posibilidad queda limitada al trabajo privado. A este respecto se debe también tener presente que muchísimos países indican en el Documento de Identidad la religión profesada y donde ello no sucede es el mismo nombre el que revela la fe religiosa de cada uno y determina así su posibilidad de trabajar e incluso su remuneración.

También la información desempeña un papel importante en este aspecto: cada día, en el periódico se habla del Islam, a veces se ataca violentamente a los cristianos. También en la televisión la presencia del Islam es muy fuerte: los programas de información hablan de los éxitos del Islam, los noticiarios son interrumpidos por la oración. En los debates televisivos frecuentemente se lanzan acusaciones contra los cristianos, pero no está prevista la presencia de un contradictor o el derecho de réplica; lo mismo ocurre con los periódicos. En la calle, por todas partes resuenan las transmisiones radiofónicas con las cinco oraciones precedidas por llamamientos que pueden durar una hora. En Egipto hay una radio estatal que transmite el Corán durante las veinticuatro horas del día. Ocurre que el musulmán pío, sin mala u hostil intención, mantiene el volumen muy alto para que todos los vecinos puedan oírlo (se trata de algo común en el mundo árabe). Sin embargo, el efecto es que quien es cristiano debe escuchar todo el día el Corán... y muchos cristianos dicen que tenemos que aceptar todo eso...

La presión social de la islamización es fortísima, tiene efectos mucho más graves sobre los cristianos que las normas legales, no se puede entender esto si no se vive en un país musulmán y si no se entiende el árabe. Este concurso de fuerzas coercitivas tiene cierta analogía con lo que ocurría en los países comunistas donde la ley y las instituciones teóricamente garantizaban la libertad, pero de hecho no era así. Si consideramos que en setenta años el comunismo casi ha logrado extirpar el sentimiento religioso del pueblo ruso, debemos reconocer que si después de tantos siglos en el Cercano Oriente hay todavía comunidades cristianas, es verdaderamente un milagro.

–En esta situación extraña que Occidente permanezca inerte ante casos evidentes de violación de los derechos humanos; para la opinión pública, para los grandes medios de comunicación, para las instituciones políticas este problema parece no existir...

–Me parece que en esto Occidente está condicionado por su propia historia. Occidente es sociológicamente de matriz cristiana, pero ha luchado desde hace dos siglos hasta hoy para liberarse de la religión y de su identidad. Así se ha difundido la idea de que el cristianismo no debe entrar en cuestiones políticas, que es un hecho interior, personal, que no debe tener relación con la vida civil. Se ha privatizado la religión...

En el origen de este modo de pensar está también la polémica contra la Iglesia, entendida como institución dotada de una estructura jerárquica, de organizaciones, etc. En cambio, cuando se habla del Islam es frecuente decir que se trata de otra cultura que tiene derecho a organizarse como crea mejor, como la poligamia, la forma de Estado y el resto. El típico razonamiento occidental pone en primer lugar el respeto de las otras culturas, pero no cuando se trata de los cristianos de Oriente. Además, debido a que para muchos la religión no tiene sentido, tampoco este problema de la persecución de los cristianos es importante; finalmente otros han interpretado con categorías occidentales, frecuentemente tomadas del marxismo, realidades completamente distintas. Esto ha llevado a escandalosas falsificaciones, como aquellas para quienes la guerra civil del Líbano debía ser considerada una lucha de clases, una guerra de los musulmanes, pobres y oprimidos, contra los cristianos, ricos y potentados. La realidad es completamente distinta.

Otro aspecto de este problema: Occidente que afirma que quiere respetar todas las culturas, se moviliza únicamente ante los valores que considera fundamentales; en lo que respecta al Islam este es el caso de la infibulación y, en general, de la condición de la mujer. Incluso la idea de tolerancia que se ha afirmado progresivamente en Occidente, debe ser considerada en este ámbito de problemas, porque tal idea ha evolucionado hacia una actitud peligrosa según la cual quien es distinto tiene por ello más derechos y goza casi de mayores tutelas. Este modo de pensar tiene también efecto sobre la cuestión que nos ocupa porque erróneamente se proyecta la situación minoritaria del Islam en Occidente y la condición de desventaja de los emigrantes islámicos sobre cuanto sucede allí donde el Islam es mayoritario o incluso religión de Estado.

–Occidente parece tener un sentimiento de culpa hacia los países del Tercer Mundo.

–Esta es una de las tendencias que me preocupan: existe una autocrítica sistemática, que llega hasta el masoquismo, que está corroyendo a la sociedad occidental. Yo la llamo el "meaculpismo". En los periódicos podemos encontrar toda clase de ataques al cristianismo, toda posible tontería sobre la religión y sobre las cosas más sagradas de nuestra religión. Y nadie puede permitirse objetar nada: es la libertad de pensamiento. Esto no es válido si se escribe algo no grato para las otras religiones, en particular sobre el Islam y el hebraísmo: entonces inmediatamente todos se apresurarán a acusar y a condenar.

Y, sin embargo, Occidente es muy cauto cuando se trata de países importantes desde el punto de vista económico.

–Basta ver el caso de la Arabia Saudita, un país donde los más elementales derechos del hombre son sistemáticamente ignorados, con el silencio absoluto incluso de las grandes potencias. Todos los países desde Italia hasta los Estados Unidos saben que en Arabia Saudita el derecho laboral es contrario a las normas de la humanidad. En cuanto llegas se te retira el pasaporte y te conviertes en un esclavo, no puedes salir de su país sin su permiso. De vez en cuando se suscita un incidente diplomático porque un trabajador occidental es maltratado, pero luego todo sigue siendo igual: el hecho es que los que padecen las injusticias son sobre todo los trabajadores del Tercer Mundo (en primer lugar los de Filipinas y Sri Lanka) y así nadie habla. Puedo comprender a las Filipinas porque el dinero procedente de los trabajadores emigrantes en Arabia Saudita es la primera fuente de riqueza del país, pero esta complicidad es indecente en el caso de los países occidentales. Es una actitud inmoral que afecta profundamente a los pueblos árabes que hoy miran a Occidente con la admiración que siempre se reserva a los poderosos, pero también con desprecio porque comprenden que es Occidente el que no tiene principios.


Revista 650