Enero 2000

PARA SENTIR CON LA IGLESIA

por el P.  Manuel Martínez, mCR


UN MAGNIFICAT QUE UNA CIELO Y TIERRA

En una homilía sobre la Virgen, el Papa profundizó en el sentido del Jubileo del año 2000, a la luz de la Madre de Dios. "La Virgen del Magnificat nos ayuda a comprender el valor y el sentido del gran Jubileo, que ya es inminente: tiempo propicio en el que la Iglesia universal se unirá a su cántico para alabar la admirable obra de la Encarnación. El espíritu del Magníficat es el espíritu del Jubileo: en el cántico profético, María da voz al júbilo que colma el corazón, pues Dios, su Salvador, ha mirado la humildad de su sierva.

María indica el camino de Dios, la vía del Cielo, la vía de la Vida. La muestra a sus hijos bautizados en Cristo y a todos los hombres de buena voluntad. La abre sobre todo a los pequeños y a los pobres, predilectos de la misericordia divina. A los individuos y a las naciones la Reina del mundo revela la potencia del amor de Dios, cuyos diseños confunden a los soberbios, destronan a los potentes y ensalzan a los humildes, colman de bienes a los hambrientos y los ricos se quedan con las manos vacías... Que éste sea también el espíritu de la Iglesia y de cada cristiano. Recemos para que el gran Jubileo sea todo un Magníficat que una la tierra y el cielo en un cántico de alabanza y de agradecimiento".

Virgen Santísima, Madre de Dios, Madre de la Iglesia y Madre nuestra, te pedimos que todos y cada uno de los lectores de tu revista seamos mensajeros y apóstoles del Reino de los Cielos.

VIVIR EN LA VERDAD

A la redacción de la revista llegan cartas lamentándose de la falta de predicación de las verdades eternas en homilías, convivencias, cursillos prematrimoniales, etc. El Papa ha aprovechado sus tradicionales catequesis de los miércoles para recordar a todos los hombres las verdades reveladas del cielo, el infierno y el purgatorio. He aquí alguno de los párrafos más significativos de una de estas catequesis, en la que el Papa habló del mal y del diablo: "El cristiano concibe el camino de conversión como liberación del mal... Toda la historia personal y comunitaria se presenta en gran parte como una lucha contra el mal... El mal moral provoca el sufrimiento... La Sagrada Escritura enseña que después del pecado se puede pedir a Dios su misericordia, o sea, el perdón de la culpa y el final de las penas provocadas por ella... El regreso sincero a Dios y la liberación del mal son dos aspectos de un único camino.

En la oración del Padrenuestro es explícita la referencia al mal. Éste es provocado en el mundo por aquel ser espiritual llamado por la revelación bíblica diablo o Satanás, que se ha puesto deliberadamente contra Dios... La maldad humana, constituida por el demonio, o suscitada por su influjo, se presenta incluso en nuestros días, en forma atrayente, seduciendo las mentes y los corazones hasta hacer perder el sentido mismo de mal y de pecado".

El diablo no sólo difunde el mal en el mundo, sino que, como padre de la mentira, suscita por todos los medios a su alcance las mentiras y errores que corrompen el corazón de los hombres. Los lectores de Ave María deberíamos leer la hermosa encíclica del Papa "El esplendor de la Verdad" y trabajar intensamente en la difusión de la verdad, de la única Verdad:

Impregnemos nuestra vida con la palabra de Cristo, meditando diariamente el Evangelio. Profundicemos en los principios fundamentales que deben regir la vida social y política de los pueblos estudiando la doctrina social de la Iglesia.


Revista 649