Octubre 1999

A LA LUZ DEL SAGRARIO


Fijaos bien en lo que tienen vuestros sacerdotes en las manos cuando consagran y en lo que os dan cuando comulgáis y en lo que guardan vuestros sagrarios.
Si sabéis y creéis firmemente y hasta daríais vuestra sangre para sellar vuestra fe, que en aquellas manos está Jesús, Dios y Hombre verdadero, vivo y real, inmolado, ofreciéndose en sacrificio por vosotros, ¿por qué dejáis tan solas vuestras Misas?
Si creéis que en la Comunión se os da a Jesucristo entero para hacernos participantes de sus tesoros y de su vida divina, ¿por qué comulgáis tan poco?
Si creéis que en la pobre o rica casita del Sagrario hay unos ojos que os buscan y miran, unos oídos dispuestos a escuchar vuestras lástimas, unas manos rebosantes de bienes, unos brazos con ganas de abrazaros y un Corazón que conoce y siente vuestras penas, y pone sus delicias en amaros y en que lo améis, ¿por qué no lo visitáis nunca?
La lógica se impone. ¡Dios mío! ¿Cuándo harán buena esa frase los cristianos, en su fe y en su conducta con respecto a tu Eucaristía?
 

 (Venerable obispo don Manuel González , “En busca del Escondido”, 82,83)

 


Revista 646