Enero 2000

A LA LUZ DEL SAGRARIO

CONSAGRACIÓN DEL MUNDO AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA, DEL PAPA PÍO XII

¡Oh Reina del Santísimo Rosario, auxilio de los cristianos, refugio del género humano, vencedora de todas las batallas de Dios! Ante vuestro trono nos postramos suplicantes, seguros de impetrar misericordia y de alcanzar gracia y oportuno auxilio en las presentes calamidades no por nuestros méritos, de los que no presumimos, sino por la inmensa bondad de vuestro materno Corazón.

En esta grave hora de la Historia, a Vos, a vuestro Corazón nos entregamos, y consagramos, no sólo en unión de la santa Iglesia, Cuerpo Místico de vuestro Hijo Jesús, que sufre en tantas partes y de tantos modos atribulada y perseguida, sino también de todo el mundo que sufre atroces discordias, abrasado en incendio de odios, víctima de sus propias iniquidades.

Que os conmuevan tantas ruinas morales y materiales, tantos dolores, tantas angustias, tantas almas turbadas, tantas en peligro de perderse eternamente.

Vos, oh Madre de Misericordia, impetradnos de Dios la reconciliación cristiana de los pueblos, y ante todo las gracias que pueden convertir en un momento los corazones humanos, las gracias que preparen, consoliden y aseguren esta suspirada pacificación. Reina de la paz, rogad por nosotros, y dad al mundo la paz en la verdad, en la justicia, en la caridad de Cristo. Dadle sobre todo la paz de las almas, para que en la tranquilidad del orden se dilate el Reino de Dios.

Conceded vuestra protección a los infieles y a cuantos yacen aún en las tinieblas de la muerte; y haced que brille para ellos el Sol de la verdad y puedan repetir con nosotros, ante el único Salvador del mundo: Gloria a Dios en las alturas, y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.

A los pueblos separados por el error o por la discordia, especialmente a aquellos que os profesan singular devoción, dadles la paz y haced que retornen al único redil bajo el único y verdadero Pastor.

Obtened completa libertad a la santa Iglesia de Dios; defendedla de sus enemigos y detened el inundante diluvio de la inmoralidad; suscitad en los fieles el amor a la pureza, la práctica de la vida cristiana y el celo apostólico, a fin de que aumente en número y en méritos el pueblo de los que sirven a Dios.

Finalmente, así como fueron consagrados al Corazón de Jesús la Iglesia y el género humano, para que, puestas en Él todas las esperanzas, fuera para ellos prenda y señal de victoria y de salvación, de igual modo, también nos consagramos para siempre a Vos, a vuestro Inmaculado Corazón, oh Madre nuestra, Reina del mundo, para que vuestro amor y patrocinio aceleren el triunfo del Reino de Dios, y todas las gentes, pacificadas entre sí y con Dios, os proclamen bienaventurada y proclamen de un polo al otro de la tierra el eterno Magníficat de amor, de reconocimiento al Corazón de Jesús, en sólo el cual pueden hallar la verdad, la vida y la paz.



Revista 649