por Andrés Molina Prieto, pbro.
SIGLO XVI: SAN JUAN DE ÁVILA
Nos hallamos en el quinto centenario de su nacimiento y resulta obligado
hablar de él como uno de los personajes más influyentes en tiempos de la
Reforma católica. Nacido en Almodóvar del Campo, Ciudad Real, el 6 de enero de
1500, marchó todavía adolescente a Salamanca para estudiar leyes, pero antes
de terminar sus estudios regresó a su pueblo para entregarse a la oración y a
la vida retirada. De 1520 a 1526 estudió Artes y Teología en Alcalá. Ordenado
sacerdote y repartida su herencia entre los pobres, se dirige a Sevilla con la
intención de embarcarse en alguna expedición misionera para participar en la
evangelización de América. Se lo impide el arzobispo Alonso Manrique quien le
manda dedicarse a la predicación, la catequesis y la dirección espiritual,
primero en Sevilla, y después en toda Andalucía, de la que fue su eximio e
insuperable predicador apostólico.
Fallecido en 1569 en Montilla, Córdoba, hubieron de transcurrir varios siglos
hasta su exaltación eclesial. Su proceso fue largo y laborioso. Beatificado por
León XIII en 1894, fue canonizado por Pablo VI en el año 1970. En el cuadro de
la santidad de su vida resaltan sus virtudes principales: austeridad, oración,
devoción a la Eucaristía, a la Virgen, al Espíritu Santo y a la Pasión de
Cristo. Nos dejó escritos valiosísimos que constituyen un verdadero tesoro de
la vida espiritual. En 35 cartas, de las 257 escritas, alude a la Santísima
Virgen para glosar algunas de sus prerrogativas y proponer sus virtudes a la
imitación de los distintos destinatarios. Su biógrafo fray Luis de Granada
escribe a este propósito: "Era grande la devoción a la Eucaristía, y muy
grande la que tenía a nuestra Señora que aparecía en la ternura y devoción
de los sermones que de Ella predicaba". Aconseja la intimidad con María,
Virgen y Madre. Son muy gráficas y conocidas sus frases con las que mostraba su
hondísima devoción mariana: "Más quisiera estar sin pellejo que sin
devoción a la Virgen". Y esta otra, de fuerte sabor autobiográfico:
"Rogad a la Virgen que os dé ojos para saberla mirar. Cuando yo veo una
imagen con un Niño en los brazos, pienso que he visto todas las cosas".
En el seguro y ardiente magisterio del santo Maestro Juan de Ávila aprendemos
una hermosa lección común a tantas figuras marianas: se empeñó en vivir y
actuar en la "Escuela de María" ofreciendo un extraordinario ejemplo
de genuina devoción, amor y servicio a nuestra Señora. En esta verdadera
piedad mariana, el preclaro apóstol subraya la necesidad de imitar las virtudes
evangélicas de la Virgen. La Conferencia Episcopal Española gestiona para el
Maestro de Ávila el título de "Doctor de la Iglesia". Si algún día
es proclamado con este título habría que añadir un merecido adjetivo: Doctor
Mariano. Son muchos y justos los motivos que le hacen acreedor a ello, y
sobradamente lo merece el ardiente e incansable apóstol de Andalucía.