Mayo de 2000

FIGURAS MARIANAS DEL SEGUNDO MILENIO

por Andrés Molina Prieto, pbro.

SIGLO XIV: SANTA BRÍGIDA DE SUECIA

En el Sínodo de Obispos de Europa celebrado el pasado año fue proclamada, junto a Catalina de Siena y Edith Stein, Patrona del continente europeo. Brígida nació en Finstad, muy cerca de Upsala, en 1303. Muy joven, se desposó con el noble Ulf Gudmarsson, de quien tuvo ocho hijos. Fundó un hospital que atendía a los enfermos y peregrinos a Santiago de Compostela. Al enviudar, fundó la Orden de San Salvador que comprendía tanto mujeres como hombres en un monasterio doble, separado por la clausura pero con idéntica regla y estilo de vida. Más tarde se trasladó a Roma donde participó en el Jubileo del año 1350. Residió en Roma 24 años y allí murió, a los 71 años, en el viejo palacio Farnese adaptado para la vida monástica. Más tarde fue llevada al monasterio Vadstena adaptado, en su patria natal sueca.

La espiritualidad de esta extraordinaria mujer nórdica está transida de la contemplación de Cristo en su Pasión. Su lema constante fue: "Mi amor está crucificado", expresión tomada del obispo mártir san Ignacio de Antioquia en su Carta a los Romanos, cap. VII. Este recuerdo de la Pasión de Cristo, y de sus cinco llagas, quedó impreso en el emblema de su velo monástico. Conviene destacar su interesante aspecto de vidente y de profeta en la Iglesia de su tiempo. Dejó numerosísimos escritos, y los famosos libros de Las Revelaciones. Es importante advertir que la Iglesia nunca ha supeditado la fe de sus fieles a las revelaciones privadas, pero éstas reflejan en todo caso la fuerte personalidad de una santa que por su carácter dinámico y práctico supo unir la contemplación con la acción.

En esta línea central y dinámica hemos de situar su relevante devoción a la Virgen, que tiene algunos matices propios. Por su devoción afectiva a la Pasión de Cristo y a nuestra Señora, con la cual lograba identificarse hablando de la Pasión de su Hijo, Brígida de Suecia acusa influencia de san Bernardo, cuyas obras había leído y asimilado. Por consiguiente, la devoción mariana de esta "Mensajera del Gran Señor", como ella se consideraba, no puede separarse de los dolores de María, íntimamente unida a los sufrimientos de su Hijo en todos los episodios de la Pasión, desde el prendimiento en Getsemaní hasta la Expiración de Cristo en el Monte Calvario.

Nadie mejor que María pudo decir y vivir las palabras programáticas de la mística sueca: "Mi amor está crucificado". Nadie como Ella estuvo tan asociada afectiva y moralmente como María a la Pasión redentora de Cristo Salvador.

Santa Brígida habló mucho de María en sus escritos de subidos quilates místicos y proféticos. Y lo comunicó al mundo porque había escuchado en su interior este mensaje: "Yo no hablo para ti sola sino para la salvación de los demás". El Señor le hizo ver la urgencia de la reforma de la Iglesia "en su cabeza y en los miembros". Tendida sobre una mesa expiró santamente en Roma, en 1373. En 1391 fue canonizada. Sobresale como gran devota de la Virgen en el misterio de sus dolores interiores por su condición de nueva Eva, asociada a la Pasión de Cristo.




Revista 653