por el P. José Mª Alba Cereceda S.J.
Lo que el Papa prometió en Fátima el día de la beatificación de los dos
hermanos Jacinta y Francisco, lo cumplió el pasado 26 de junio, en la clausura
del XLVII Eucarístico Internacional y en la semana del Sagrado Corazón y del
Corazón Inmaculado de María. Ese día se desveló una parte del mensaje de la
Virgen Santísima en Fátima que permaneció oculta durante 87 años y que
hacía referencia a las terribles persecuciones que había de sufrir la Iglesia
a lo largo del siglo XX y al atentado contra el Papa, que sin una intervención
de la Virgen hubiera sido mortal. Era la gran venganza del ateísmo y de los sin
Dios contra la Inmaculada y contra el Papa, Vicario de Cristo en la tierra.
El núcleo central de las palabras de la Virgen, analizadas en el conjunto de su
mensaje, es una advertencia dramática a la generación que concluye en el siglo
XX y se adentra ya en el comienzo del siglo XXI. Se alude a la pérdida de la
fe, a los sufrimientos de la Iglesia y a los peligros que amenazan la vida y la
misma fe del cristiano y del mundo entero en estos últimos tiempos. Esa
pérdida de la fe que comprobamos a diario y la amenaza a la vida humana -no ya
con los crímenes tan generalizados y las guerras constantes, sino con el
espantoso genocidio del aborto ya legalizado en 58 naciones del mundo- son
hechos que han marcado para su desgracia la marcha de la humanidad hacia su
autodestrucción. Estos males solamente pueden conjurarse con la oración
reparadora, con la penitencia y con la consagración de la vida entera al
Corazón Inmaculado de María.
Esto supuesto, por lo que hace referencia a los españoles, desvelada ya la
parte del secreto que se refiere a los innumerables mártires del siglo XX y a
nuestro Papa mártir entre todos ellos, debemos tener presentes las palabras que
el Señor transmitió a sor Lucía para el señor arzobispo de Valladolid que
había sido su obispo en la diócesis de Tuy, de la que depende Pontevedra. Sor
Lucía en aquel tiempo residía en dicha ciudad por haber entrado en el convento
de las Hermanas Doroteas, antes de ingresar en el monasterio de las carmelitas
descalzas de Coimbra . Siempre profesó sor Lucía un gran afecto al que
había sido su obispo durante su estancia en España.
Así escribió el l2 de junio de l941, proféticamente, al señor arzobispo de
Valladolid: "El Señor se lamenta de la frialdad y relajación del clero de
España, tanto secular como regular, y de la tibieza de la vida de pecado del
pueblo cristiano. El Señor desea ardientemente que los obispos se reúnan en un
retiro a fin de que todos ellos de común acuerdo determinen los medios que han
de emplear para la reforma del pueblo cristiano, para remediar la relajación
del clero y de una gran parte de los religiosos y religiosas. El número de los
que practican una vida de renuncia y sacrificio es muy limitado. Necesito almas
que se sacrifiquen por Mí y por las almas." ¿Ha respondido el episcopado
español a esta llamada del Señor? ¿Ha respondido el pueblo español por su
parte? Nosotros no somos los que hemos de enjuiciar lo que a otros pertenece. Lo
que sí es cierto es que la humilde familia de AVE MARIA debe vivir muy en serio
una vida de reparación, de penitencia y de consagración personal al Corazón
Inmaculado. El triunfo final del Corazón Inmaculado de María sobre el
paganismo y la apostasía de las naciones, vendrá por la oración y el
sacrificio de innumerables almas anónimas. Esa es nuestra gran misión como
familia de MARÍA en la que tenemos puestas todas nuestras esperanzas.