Abril de 2000

PARA SENTIR CON LA IGLESIA

por el P. Manuel Martínez, mCR


LA PÉRDIDA DEL SENTIDO DE PECADO

El Santo Padre, en la sala de audiencias Pablo VI del Vaticano, ante miles de peregrinos de todo el mundo, abordó el tema "combatir el pecado personal y las estructuras de pecado" con estas palabras:

"Al contemplar el mundo contemporáneo, tenemos que constatar que en él la conciencia de pecado se ha debilitado notablemente. A causa de una difundida indiferencia religiosa, o del rechazo de lo que la recta razón y la Revelación nos dicen de Dios, se desvanece en tantos hombres y mujeres el sentido de la alianza de Dios y de sus mandamientos. Además con mucha frecuencia la responsabilidad humana es ofuscada por la pretensión de una libertad absoluta, que se considera amenazada y condicionada por Dios, legislador supremo.

El drama de la situación contemporánea, que parece abandonar algunos valores fundamentales, depende en gran parte de la pérdida del sentido del pecado. Esto nos lleva a darnos cuenta de la importancia del camino de la nueva evangelización. Es necesario restituir a la conciencia el sentido de Dios, de su misericordia, del carácter gratuito de sus dones, para que pueda reconocer la gravedad del pecado, que pone al hombre contra su Creador. La consistencia de la libertad personal ha de ser reconocida y defendida como un don precioso de Dios, contra la tendencia de disolverla en la cadena de los condicionamientos sociales o de arrancarla de su referencia irrenunciable al Creador...

Mientras ofende a Dios y se daña a sí mismo, el pecador también se hace responsable del mal testimonio y de los influjos negativos ligados a su comportamiento. Incluso cuando el pecado es interior, produce de todos modos un empeoramiento de la condición humana y disminuye la contribución que cada hombre está llamado a dar al progreso espiritual de la comunidad humana. Es un hecho innegable el que la interdependencia de los sistemas sociales, económicos y políticos crea en el mundo de hoy múltiples estructuras de pecado. Existe una espantosa fuerza de atracción del mal que hace juzgar como normales e inevitables muchas actitudes. El mal crece y hace presión con efectos devastadores sobre las conciencias, que quedan desorientadas sin ni siquiera poder discernir. Si, además, se piensa en las estructuras de pecado que frenan el desarrollo de los pueblos más desaventajados bajo el punto de vista económico y político, parecería que habría que rendirse ante un mal moral que parece ineluctable...

Pero el anuncio de la victoria de Cristo sobre el mal nos da la certeza de que incluso las estructuras más consolidadas del mal pueden vencerse y sustituirse con estructuras de bien... En Cristo es posible vencer el mal con el bien... Es necesario formar en el sentido de responsabilidad personal, íntimamente ligada a los imperativos morales y a la conciencia del pecado."

Seamos todos misioneros de la nueva evangelización, difundamos AVE MARÍA entre familiares, vecinos y compañeros, y la Virgen Santísima irá desarmando las estructuras de pecado para que sea pronto una realidad el reinado social de su divino Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

El Eclesiástico nos advierte: "Acuérdate de tus postrimerías y no pecarás". Sí, tengamos presentes la muerte, el juicio, el cielo y el infierno y no pecaremos, con la ayuda de la gracia de Dios. Y oremos mucho por los pecadores, como pidió la Virgen en Fátima.

PARA RECUPERAR LA ALEGRÍA

Ante las estructuras de pecado reinante y los consiguientes peligros para las almas, el Papa exhorta a todos los fieles a ahondar en el significado profundo del sacramento de la Penitencia, emocionante manifestación de la misericordia divina:

"El sacramento de la Reconciliación transmite y hace visible de manera misteriosa estos valores fundamentales anunciados por la Palabra de Dios. Reintegra al hombre en el contexto salvífico de la alianza y los vuelve a abrir a la vida trinitaria, que es diálogo de gracia, circulación de amor, don y acogida del Espíritu Santo.

Una relectura atenta del Ordo Paenitentiae ayudará mucho a profundizar, con motivo del Jubileo, en las dimensiones esenciales de este sacramento. La madurez de la vida eclesial depende en gran parte de su redescubrimiento. El sacramento de la Reconciliación, de hecho, no se circunscribe al momento litúrgico-celebrativo, sino que lleva a vivir la actitud penitencial en cuanto dimensión permanente de la experiencia cristiana. Es un ‘acercamiento a la santidad de Dios, un nuevo encuentro con la propia verdad interior, turbada y trastornada por el pecado, una liberación en lo más profundo de sí mismo y, con ello, una recuperación de la alegría perdida, la alegría de ser salvados, que la mayoría de los hombres de nuestro tiempo ha dejado de gustar’ (Reconciliatio et paenitentia, 31,III)".

Confesemos frecuentemente, "porque para progresar cada día con más fervor en el camino de la virtud queremos recomendar con mucho encarecimiento el piadoso uso de la confesión frecuente, introducido por la Iglesia no sin una inspiración del Espíritu Santo" (Pío XII).


Revista 652